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La gripe, ¿cómo abordarla y estar a salvo?

En temporada lluviosa, los niños suelen ser los más afectados por enfermedades comunes como la gripe. Cada año, un gran porcentaje pierde clases significativamente por este motivo. Además, una gripe mal curada suele tener efectos negativos en su desempeño durante la jornada escolar.

El clima extremo y los cambios bruscos de temperatura, comunes en nuestro país, no hacen las cosas más fáciles. Felizmente, tomando ciertas precauciones, es posible prevenir en gran medida esta molestosa enfermedad y, en el caso de que se produzca, ciertos cuidados básicos pueden ayudarnos a curarla rápidamente.

La clave está en no desesperarse, saber cómo actuar y combinar buenos remedios caseros con medicamentos, cuando sean necesarios.

1.- Asegurarse de que los pequeños duerman lo suficiente. Los bebés necesitan más de 18 horas de sueño al día, los preescolares de 12 a 14, y durante los primeros años de educación básica los niños deberían dormir por lo menos 10 horas diarias.

Desafortunadamente, la mayor parte de niños no duermen lo necesario, y suele ser complicado hacerlos ir a la cama más temprano. La falta de descanso provoca que su sistema inmunológico no combata los virus como se esperaría, facilitando el contagio. Y ya que puede no resultar nada práctico hacer que los niños duerman más en la mañana, es mejor llevarlos a dormir más temprano pese a las resistencias.

2.- Es importante mantener las manos limpias. La mayor parte de enfermedades infecciosas, incluyendo la gripe, se transmiten a través del contacto con zonas infectadas. Para evitar contagios, es preciso lavarse las manos cada vez que sea necesario.

Además de evitar la transmisión de los gérmenes a otros miembros de la familia, lavarse las manos reduce la posibilidad de contagio cuando la gripe todavía no se ha desarrollado. El agua y el jabón disuelven y eliminan las secreciones nasales o bucales en las que los gérmenes se alojan, siempre y cuando el lavado se realice correctamente.

Son recomendables al menos 30 segundos y frotar bien ambos lados y entre los dedos. Una forma efectiva de que los niños lo hagan es enseñarles a cantar una pequeña canción mientras tanto.

3.- Otra forma de evitar contagios es poner especial atención en la limpieza del hogar. Cuando alguna de las personas en la familia ha sido contagiada, es muy importante limpiar con desinfectantes o paños antibacteriales, especialmente objetos de uso común como el control de la TV, controles de videojuegos, manillas de puertas, etc. Los virus también pueden vivir más de dos horas en vasos, mesas o manteles de cocina.

Es de gran ayuda enseñar a los pequeños a estornudar sobre las mangas de sus codos, y no en sus manos, pues de esa manera los gérmenes no entrarán en contacto con otros objetos, y tampoco será necesario lavarse las manos una y otra vez. Por último, no usar los mismos platos, cubiertos y vasos es indispensable, y evitar el contacto del cepillo de dientes con los de otras personas del hogar.

Si, a pesar de las prevenciones, la gripe aparece y empiezan las molestias, es importante tener en cuenta algunas recomendaciones generales que harán el proceso más corto y llevadero

Mantener al niño hidratado, por ejemplo, es primordial. Se deben evitar bebidas azucaradas o lácteos y comidas con alto contenido de grasa. La digestión puede dificultarse cuando hay gripe, y la lactosa estimula la producción de mucosa. Por el contrario, tomar líquidos limpios como agua, bebidas sin azúcar, sopas y en general comida ligera harán el proceso más corto y reducirán el malestar.

Si a esto se añade un suplemento de vitamina C, el resultado será aún mejor, pues, aunque la vitamina C no previene contra la gripe, tomarla durante un resfriado estimula las defensas propias del cuerpo y ayuda a que el proceso sea más corto. Es importante añadir que debe ser un suplemento y no una dieta, ya que la cantidad de vitamina C que encontramos en cítricos como el limón o la naranja es muy pequeña para poder estimular nuestras defensas, además de que favorecería la producción de mucosa, que es lo último que se desea.

Por último, es importante combatir dos de los síntomas más molestos de esta enfermedad de temporada: fiebre y congestión. La fiebre, que es una respuesta inmunológica natural, no debe provocar temor. Los virus y bacterias no pueden sobrevivir en temperaturas más altas de la normal, y si el cuerpo tiene fiebre es porque necesita tenerla para defenderse. Únicamente en bebés menores a tres meses de edad la fiebre puede ser peligrosa, y de aparecer lo mejor es llamar al doctor.

De otro modo, usar paños húmedos, reducir la cantidad de ropa y ofrecer bebidas temperadas ayudará a los niños a calmar el malestar mientras continúan el proceso. En cuanto a la congestión nasal, es recomendable usar una composición salina (media cucharadita de sal en un vaso de agua), para deshacer la mucosa y dejarla salir, y aplicar una pomada de Caléndula para aliviar la nariz limpiada repetidamente. Es mejor no usar medicamentos descongestionantes o anti-histaminas, ya que tienden a agitar a los niños y, en lugar de dispersar la mucosa, la complican.

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