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Pólizas de seguros: qué son, cómo funcionan

Tendemos a considerar la contratación de un seguro como un gasto innecesario, costoso y que tal vez no se llegue a cumplir. Pero en realidad, la razón es que desconocemos cómo funcionan las pólizas de seguro, qué son, para qué sirven realmente y sobretodo, quién regula su actividad y brinda respaldo en el caso de que la compañía aseguradora deba asumir los gastos de un imprevisto.

¿Cómo aparecen las empresas de seguros?

Una de las formas más básicas de seguro era guardar los cereales, como prevención en el caso de malas cosechas o tiempos de escasez económica, que permitía a la sociedad de la Edad Media atravesar la adversidad sin mayor dificultad y sin hambruna. Las reservas eran repartidas entre la población o vendidas a precios bajos cuando ocurría algún imprevisto, generalmente de origen natural, como inundaciones o sequía.

Por otra parte, durante siglos, el transporte marítimo hizo necesaria la creación de medidas contra las posibles pérdidas derivadas de los peligros del mar, volviéndose una práctica común y obligatoria a partir del siglo XVI. Las naves que transportaban mercancías desde América, por ejemplo, debían pagar un seguro marítimo que las protegía contra posibles amenazas.

Más tarde, la sociedad industrial y el desarrollo tecnológico ven como un requerimiento la creación de las primeras compañías de seguros, que asumían los riesgos personales o patrimoniales de los trabajadores, expuestos a diversos peligros por su actividad. La alta demanda de obreros para las industrias y el paulatino incremento de riesgos laborales hicieron que la formación de estas empresas sea indispensable.

¿Qué es una póliza de seguro?

En la actualidad, las pólizas de seguro son un tipo de contrato por el cual una Compañía Aseguradora asume el riesgo de su asegurado, dentro de unos límites pactados, mediante el cobro periódico de una prima o pago adelantado, que servirá para cubrir ese riesgo en caso de producirse.

El seguro transforma los riesgos a los que están expuestas las personas u organizaciones, en probabilidades soportables, a través de una organización especial. Constituyen una pieza básica de la estructura social actual, y se manifiestan en dos grandes grupos: seguridad social y seguros privados.

La seguridad social permite al Estado proporcionar protección a los ciudadanos en caso de desempleo, jubilación, incapacidad laboral, fallecimiento o temas de salud; a menudo es obligatoria. Mientras que los seguros privados son voluntarios y cumplen la función de proteger contra daños personales o materiales de diversa índole. Se clasifican normalmente en dos categorías: seguros de vida y de salud, y seguros contra daños materiales o accidentes.

En la contratación de una póliza de seguro intervienen: el asegurador, responsable de la cobertura en caso de siniestro; el tomador, que es quien se compromete al pago de la prima; el beneficiario, que es quien recibirá la indemnización; y, en ciertas ocasiones, un mediador, responsable de acompañar al tomador antes, durante y después de la contratación del seguro.

Existen casos en los que tomador, asegurado y beneficiario son distintos, como en el caso de una empresa (tomador), que asegura a sus empleados (asegurados), pero que beneficia a sus hijos (beneficiarios) en caso de siniestro.

Al ser un contrato, la póliza de seguro detalla las condiciones y circunstancias en las que el asegurado será compensado, que deben ser de común acuerdo entre las partes. Es allí donde debe generarse un acuerdo favorable, pues en última instancia el valor de un seguro radica en que esas condiciones y circunstancias sean beneficiosas para quien quiere contratarlo.

La forma en que eso ocurre ––además de que las empresas de seguros han ampliado sus servicios ofreciendo valor a través de una innovación constante––, es mediante una regulación normativa y legal de la que se encarga actualmente, la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.

¿Por qué las pólizas siempre se cumplen?

A partir del 12 de septiembre de 2015, esta entidad se encarga de ejercer la vigilancia, auditoría, intervención, control y supervisión del régimen de seguros en el Ecuador. Una de sus funciones principales es vigilar que el accionar de estas compañías “se ciña a las leyes y normas, con el fin de asegurar su solvencia patrimonial y rectitud de procedimientos, en salvaguarda de los intereses de los usuarios y del sistema”, permitiendo que las pólizas contratadas se cumplan en todos los casos.

Por lo que, en adelante, al contratar un seguro, será mejor concentrarse en el verdadero beneficio que ofrece y su valor, el cual es la prevención y tranquilidad. Al asumir un valor pequeño, el pago de una prima, se tiene la garantía de que la aseguradora compensará a su asegurado en caso de una pérdida imprevista y mayor, quitándole por completo un peso de encima y protegiendo lo que más quiere, su familia y bienestar.

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Fuente:
Página web de la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.

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